VVAA: Afrofuturo(s)

Publicado en Libros prohibidos el 02.10.2017. Autor: Víctor L. Briones.

Otras historias. Otros autores. Otros formatos.

Así reza el eslogan que podemos encontrar debajo del logo de la editorial que nos trae esta obra. Por eso me gusta poder escribir en Libros Prohibidos, para desmontar ese hartazgo lector que a veces nos invade, para estar cerca de grandes obras que pasarían desapercibidas, para disfrutar de esas otras historias, autores y formatos. Porque he de decir que, en este caso, la promesa de la editorial se cumple y con esta antología descubriremos textos, voces narrativas y otras vías de edición para que su identidad fuera de lo normativo pueda llegar a todos los lectores que estén dispuestos a salir del empacho editorial y de la vorágine del mercado oficial en el que ya todo sabe igual, suena igual, pesa igual y, a veces, aburre igual. Por eso, con los premios Guillermo de Baskerville de este año a punto de empezar su andadura, os seguimos trayendo libros desnudos, sin pátina de mercadotecnia ni cartón.

¿Cómo resistirse a la rareza necesaria que nos trae Afrofuturo(s)? La respuesta es sencilla: no resistiéndose, dejando que gane la curiosidad. Porque desde el prólogo tenemos el gancho preparado, picar es fácil y placentero en este caso. Al buen lector en general, y al fanático de la ciencia ficción y la fantasía se le abre el apetito: ¡qué nombres!, ¡qué argumentos!, ¡qué historia de lucha desde territorios olvidados! Todo eso es esta recopilación. En realidad, no creo que haya que ser aficionado a los géneros mencionados para poder disfrutar plenamente del espíritu transgresor e ilusionante de esta obra; de su alma, que puede que esté más en haber sacado adelante la edición que en lo que esta contiene (sin restarle mérito a los relatos que cumplen de sobra). Basta con ser curioso, con darse cuenta de que nuestra norteña globalización no es más que un vehículo para una peligrosa estandarización. Por eso, bienvenida sea esta antología, nuestras circunvoluciones bailan alborotadas, que viene a reclamar un espacio para lo que se hace lejos aunque por caminos similares. Tranquilos, no encontraréis refritos en estas páginas; hallaréis voces originales adaptando temas canónicos a sus registros personales que de forma incidental tienen que ver con su origen.

En esta colección tienen mucha importancia el prólogo y la introducción posterior porque nos aportan un contexto necesario. Nos dan también información sobre las intenciones de la editorial y nos aporta claves de lectura de lo que vendrá a continuación.

En el prólogo, a cargo de Carlos Bajo Erro, se explica de dónde vienen los cinco relatos que vamos a leer: del colectivo de autores Jalada. Se nos habla de su filosofía de trabajo y de la aventura que supuso publicar la antología original (que contaba con treinta textos) de la que se extrajeron los que conforman esta versión. Una lástima que solo podamos disfrutar de cinco y que tantas voces nuevas se nos hayan quedado por el camino. Aun así, repito, la labor de 2709 books es digna de elogio.

En la introducción se nos habla un poco de los relatos que nos esperan, pero, sobre todo, se nos pone ante la labor que tuvieron que afrontar las personas implicadas en esta edición. Cómo eligieron los textos, las dudas que tuvieron al poner etiquetas a esta compilación que es Afrofuturo(s) y la labor de traducción de la que se aportan un par de aclaraciones necesarias para la buena comprensión de algunos modismos que encontraremos en las narraciones.

«A fin de cuentas, la literatura africana, escrita por autores africanos o afrodescendientes, en cualquiera de las lenguas que maneje el escritor, es literatura sin más: literatura universal, que necesita de la etiqueta para llamar nuestra atención sobre el hecho de que los lectores occidentales hemos leído a pocos autores africanos, y para reivindicar el valor de sus trabajos, pero que tiene vocación de contar historias universales.»

También se nos explica qué es eso del afrofuturismo. Se trata de un movimiento más allá de la literatura, pero que la incluye y que pretende entretener y concienciar (dos parámetros que no suelen ir unidos, y que en los ámbitos más comerciales pueden llegar a formar, salvo algún honroso perro verde, un oxímoron como un piano). Solo con esta declaración de intenciones ya quise saber más, me sentí atraído como presidente del gobierno hacia la contraportada de cierto diario deportivo.

«No estamos ante un movimiento estrictamente literario, sino ante una estética cultural que a menudo trata preocupaciones de la diáspora africana y busca romper limitaciones raciales, étnicas o sociales, reexaminar el pasado desde una perspectiva negra para capacitar al individuo y liberarlo de la sociedad opresora —racista y machista— en la que está condenado a vivir.»

Cinco de treinta, un porcentaje engañoso

Como ya he dicho más arriba, hasta nuestras manos han llegado cinco textos de los treinta que en la versión original tenía Afrofuturo(s). Y es una pena, porque seguro que el abanico de temas y estilos hubiera quedado mejor cubierto si más obras hubieran sido incluidas. El lector creo que comprenderá la dificultad de traducción y gestión. Hay que ser indulgentes en casos como este, valorar el trabajo y el puente que se nos tiende hacia otras literaturas que, seguro, nos enriquecerán.

Como son pocos (pero valientes) los relatos de esta obra, os dejaré algunos comentarios de cada uno, vamos allá:

En «Descubriendo el viaje en el tiempo», de Suleiman A. Buhari, vemos como, en lo que parece un interrogatorio policial, se nos expone una teoría de cómo viajar en el tiempo. Todo gira alrededor de la ambición humana, de un valiosísimo material perdido, el inercio, que desata la avaricia de uno de los personajes (y de sus patronos): el interrogador, que parece no ver más allá de la oficialidad y de lo crematístico, desechando la explicación más parsimoniosa posible y que, además, supondría un avance claro para toda la humanidad. Es este un relato ágil que se apoya en los diálogos para su avance.

Después podemos adentrarnos en un gran engaño, una especie de tongo a lo Milli Vanilli. Se trata de «El dragón no puede bailar», de Sheree Renée Thomas, donde con una sofisticada nanotecnología se urde un engaño de lo más artístico. Se puede leer este texto como una metáfora de la explotación colonial o como una crítica a los poderes corporativos que eliminan la libertad del trabajador, todo bien adobado con dosis abundantes de racismo. Los más inocentes solo leerán aquí la historia de una chica a la que le chiflaba bailar.

En tercer lugar, «La última transmisión», de Ivor W. Hartman; echará por tierra muchas ideas románticas sobre lo hermosos que son algunos animalillos con los que compartimos planeta. Relato de tintes ecologistas y también con un afán de crítica geopolítica claro, que nos presenta a un tipo de ser humano que nos revolverá las tripas y nos hará resignarnos a lo que la madre tierra tenga a bien prepararnos para nuestro canto del cisne como especie. Quizás sea este el texto que más me ha gustado.

Terminada la lectura de este tercer relato, intuimos dos cosas: que vamos a quedarnos con ganas de más y que no hay una diferencia significativa con otras obras de ciencia ficción a las que estamos habituados. No la hay ni en calidad ni en temática y, aunque las piezas de esta antología no pueden calificarse de obras maestras, pasarían perfectamente cualquier criba de lector avezado. Esto resulta ser una evidencia que refuta la condescendencia con la que a veces nos acercamos a la literatura escrita en otros lugares no occidentalizados.

Llegamos al cuarto relato, «Continuum», de Zak Waweru. Se trata de un texto evocador e inquietante, perturbador por momentos. Asistimos a una cadena de abusos interespecies y al viejo tema de la humanidad como rata de laboratorio. Todo en este relato monologado está expresado a media luz, a media voz, dejando que nos hagamos preguntas y nos removamos inquietos en el sillón. Sin duda, nos quedamos con ganas de saber más detalles de esa estructura piramidal de horrores que apenas se nos muestra.

Ya por último, desembocamos en el kilométrico título: «Para las chicas digitales que beben tónica en un bar cuando Purple Rain no basta». Esta ristra de cabecera ha sido pergeñada por Ytasha L. Womack. El texto nos lleva a un futuro muy presente donde lo digital se ha impuesto, un mañana de hoy mismo donde ha triunfado (atención, va palabro sacado de chistera) el hiperneocapitalismo. Se nos narra una vida de neón y superficialidad en medio de una ciudad que podría ser cualquier ciudad, se nos expone la renuncia consciente a lo poco que nos queda de humanos. Puede parecer un elogio velado a la vida virtual, pero se va transformando en un escaparate que nos expone las consecuencias de la deshumanización o rehumanización (según se mire) que conlleva el abandono de lo analógico.

«Es lo que tiene la locura tecnológica, que es redundante: nos da herramientas para hacer lo que ya hacemos.»

Y esto es todo, que aunque se haga breve no es poco, en Afrofuturo(s). Los relatos en sí tienen una calidad media y uniforme, con algunos momentos que brillan y llaman la atención. Dependerá del gusto de cada lector el que elija como preferido. Terminados los textos, encontramos una especie de epílogo sobre los autores y sus trayectorias y también se nos habla de la filosofía de publicación de la editorial y de la traductora.

Como ya he dicho, la escasa longitud de esta antología le da apariencia de obra de promoción, como si el resto de relatos fueran a venir después. Es una pena que nos quedemos tan enganchados y no haya más cebo. Por eso no me atrevo a ponerle un «Muy recomendable», por toda esta miel chorreándome por los morros hasta los tobillos. Habrá sido complicado para los editores traer estas cinco piezas, así que no insisto más en este punto y me limito a darles las gracias.

Creo que queda claro que me ha gustado Afrofuturo(s) a pesar de ese único pero referido a la esencias en recipientes pequeños. Me despido recomendando su lectura y defendiendo, como bien dicen sus editores, la bibliodiversidad.

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