Robert y los Catapila, Venance Konan

Publicado en De libros y lecturas el 28.11.2018. Autora: Elena Casero.

Robert y los Catapila es un relato largo escrito por el escritor de Costa de Marfil, Venance Konan.

En algún momento que no se recuerda con exactitud, un hombre delgadísimo, llegó al pueblo de Robert en busca de una tierra mejor que la suya. Robert le dio un trozo de bosque que había heredado de sus padres. De esa tierra, Robert y los suyos obtenían todo lo necesario para vivir sin necesidad de mucho esfuerzo. Poco después, ese hombre, el amigo de Robert se fue y regresó con uno de sus hermanos pequeños. Los recién llegados trabajaron y talaron los bosques como jamás se había hecho en el pueblo. El asombro fue tan mayúsculo que los compararon con las máquinas Caterpillars. Apodo que se fue alterando por la difícil pronunciación hasta convertirse en Catapila.

De modo que los Catapila que habían llegado en busca de una tierra mejor, que aceptan la generosidad de Robert y de su pueblo, poco a poco se van alejando de ellos, dejándoles ver que prima su individualidad, sus propias costumbres y demostrándoles escaso interés en adaptarse a las ajenas.

Por un lado, Robert huye del trabajo, vive pidiendo dinero a todo el mundo, incluido Catapila y cuando lo tiene lo gasta con una generosidad que a los Catapila les sorprende. Ellos, por el contrario, son previsores y trabajadores, apenas descansan un día a la semana, día que aprovechan para ir al mercado a vender su productos, hasta el punto de que todo el pueblo de Robert y parte de otros viven de los que los Catapila producen y les venden.

Las relaciones se enturbian hasta llegar casi a una solución drástica entre los Catapila y los habitantes del pueblo de Robert. Surgen las envidias, los recelos, la impresión de estar siendo invadidos. Surge la manipulación y la xenofobia, un sentimiento que nos parece imposible que suceda en otro lugar que no sea Europa o Estados Unidos.

«Poco a poco, empezamos a creer que los Catapila, eran, efectivamente, maleducados, insolentes, irrespetuosos, desagradecidos, ladrones, sucios, invasores, en resumidas cuentas, insoportables. Y la idea de echarlos empezó a rondarnos la cabeza. “Si los expulsamos, ¿quién se quedará con las plantaciones? Ya no tendremos que molestarnos en desbrozar, talar árboles ni plantar. Ya lo han hecho ellos todo. Nosotros no tendremos más que recolectar”, nos repetía a diario Robert para animarnos.»

El relato es como una metáfora entre la holgazanería y el trabajo. Una historia que aparenta ser humorística hasta que la lectura te indica que tiene una gran profundidad, sin ánimo moralizante, sin ningún tipo de juicio, aunque es inevitable la sonrisa.

«Cada vez que pensaba en él, tragaba saliva como haría un musulmán en cuaresma viendo pasar por delante de sus narices un plato de arroz con salsa de cacahuetes.»

Un relato reflexivo e inteligente sobre el comportamiento humano, muy parecido en cualquier parte del mundo. Y una joya de la literatura africana.

Ver el artículo original

Ir arriba