Mariama Ndoye

De Abiyán a Túnez

Traducido del francés (Senegal) por Mar i Cel Perera Valls

Fragmento

Billy tiene el alma de una niña pequeña. Os lo digo yo. Cree incluso en los milagros. Sin ir más lejos, tiene la seguridad de que su padre, que estuvo en la guerra como tirador senegalés, aun siendo burkinés de rancio abolengo, sigue viviendo en Francia. Que volverá un día al hogar cargado de bienes colosales y de niños mestizos. Billy espera este maná y confía. Llega incluso a buscar en vano a su padre en la pantalla de la televisión cuando le aseguran que los supervivientes del famoso desembarco no pueden perderse el sexagésimo aniversario de esta hazaña. Está convencido, su viejo se halla entre la muchedumbre, pero el cámara olvidadizo no dirige el zoom hacia nuestros veteranos. No importa, dejemos a Billy vivir inocente y feliz. Su felicidad consiste en creer que Dios realizará un milagro para él cuando lo necesite. ¿Ingenuidad? ¿Inconsciencia? No, Fe. Quizá sea esto ser un ángel. ¿Un ángel? ¿Esta fuerza de la naturaleza con unas pantorrillas y unos bíceps tan sarmentosos como las ramas de un baobab? ¿Un ángel, este hombre de casi dos metros de alto, de cejas pobladas, labios carnosos y una sonrisa feroz? ¡Ah! ¡Pero qué metamorfosis ante el llanto de un niño! Con qué delicadeza roza los mofletes regordetes para secarle las lágrimas. Lo levanta por encima de su cabeza, lo sostiene en el aire, lo sacude como un guayabo para depositarlo después en el suelo aturdido y muerto de risa. ¿Un ángel, Billy? ¡Sí! Incluso un hacedor de milagros, de pequeños milagros diarios que pasan desapercibidos y que sin embargo son la sal de la vida.

Te despiertas cansada tras una mala noche. De tanto darle vueltas a una vejación en el trabajo, se te ha olvidado cerrar la ventana, la lluvia nocturna ha empapado la moqueta. Teniendo en cuenta el olor que resistirá cualquier incienso desde Rawalpindi hasta Bamako, desanimada, piensas que más vale volver a cerrar los ojos y no abrirlos hasta mañana, o quizá en Rufisque, en casa de tus padres, cuando la ensoñación te haya devuelto a la niña mimada y dependiente y no a la mujer casada y, a veces, perdida. Pero ¡qué va! Aquí está Billy. Su risa gargantuesca contestando a las chanzas de una vecina te asalta y luego te tranquiliza. El olor a café molido te cosquillea la nariz. Billy abre las persianas de par en par y exclama: «¡Señora! ¡Balcón ahora piscina!». Sonríes con los ojos entornados. ¡Vamos! Mejor abrirlos y darte una buena ducha. Tu salvador está aquí. Si él ha podido dejar Abobo al alba, rociarse con el agua helada de un pozo, hacer el viaje traqueteado en un gbaka abarrotado y nauseabundo, con el vientre vacío para llegar a tu casa, sonriente y con brío, ¿por qué tú, delicada incorregible, no puedes hacer el esfuerzo de estirar las piernas y extirparte de las sábanas para devolverle sus tónicos buenos días? ¿Acaso no se trata de un milagro cotidiano? ¿Queréis más? Con mucho gusto, ¡en breve!

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cubierta de De Abiyán a Túnez

Ficha técnica

ISBN: 978-84-941711-6-1

Formato: ePUB ¿cómo leer ePUB?

Tamaño: 284 KB

Idiomas:
 del original: francés (Senegal)
 de esta edición: español

Publicado el 27.09.2015

PVP: 6,00