Miriam Makeba y el Centro para Niñas

 

El próximo 16 de abril llega a nuestro catálogo Miriam Makeba y el Centro para Niñas, un cómic para que los lectores más jóvenes puedan conocer la vida de esta cantante y activista sudafricana y su lucha en defensa de los derechos humanos en Sudáfrica y el mundo.

Colonización, segregación y apartheid en los territorios del sur de África
Los primeros tiempos de la colonización

La segregación racial y la negación de la identidad fueron elementos esenciales del funcionamiento político del territorio del sur de África desde el inicio de su colonización. Los primeros colonos que llegaron a El Cabo eran holandeses, en 1652, que se llamaban a sí mismos afrikáneres. Les siguieron los hugonotes franceses. A partir de 1795, los británicos pusieron la Colonia del Cabo bajo su protección y se inició un siglo de guerras por el control de los territorios contra los que llamaban bóers (el término significa «campesino» en afrikáans; eran los pioneros blancos, procedentes en su mayoría de países de habla holandesa de Europa), pero también contra los xhosa y los zulúes. La abolición de la esclavitud en 1834 no cambió mucho las condiciones de vida de las poblaciones indígenas, cuyos derechos fueron sistemáticamente violados por el establecimiento de reservas a partir de 1854 y por los controles de circulación.

Los fundamentos del apartheid

El descubrimiento de yacimientos de diamantes y oro en 1867 fue clave en el trágico destino de las poblaciones indígenas de la región. Fueron sometidas a la violencia y la opresión racista en el contexto de una revolución industrial que solo benefició a los colonos. La creación de la Unión Sudafricana en 1910 supuso la asignación de solo el 7% de la superficie del país a los que los colonos denominaban nativos, bantúes o kafires, así como a las personas de color.

El establecimiento del apartheid en Sudáfrica

Apartheid es una palabra afrikáans, en parte derivada del francés, que significa separación. Los afrikáneres tomaron el poder en las elecciones parlamentarias del 26 de mayo de 1948 con el lema recurrente de «defender a los blancos de Sudáfrica» (en 1954, la población blanca representaba el 21% de la población de Sudáfrica) contra la «amenaza negra» (Swaartgevaar). Crearon un arsenal legal despiadado. La segregación racial estuvo en vigor desde principios del siglo XIX, se reforzó con el gobierno de la Unión Sudafricana (1910) y se endureció entre 1948 y la década de 1980.

Nacer negra en Sudáfrica en los años 1930: opresión, violencia y música
«Solo puedes culparte a ti mismo»

En 1932, Zenzi Miriam Makeba nació en un mundo en el que la segregación de los lugares públicos (1916) y los lugares de residencia (1923) estaba destinada a durar. Su padre era xhosa y trabajaba como empleado administrativo. Su madre, Nomkomndelo, era suazi. Era enfermera y se convertió en curandera tradicional (isangoma). Tal y como le habían dicho los espíritus, el nacimiento de su sexto hijo fue un calvario que puso en peligro su vida: el bebé estaba atrofiado y tenía la cabeza grande. En recuerdo de estas circunstancias especiales, la niña recibió el nombre de Zenzi, abreviatura de uzenzile, que significa «solo puedes culparte a ti mismo», palabra que repitió la madre de Nomkomndelo durante el parto.

La música permanece

La pequeña Zenzi tenía 18 días cuando su madre fue detenida por posesión de umqombothi, una cerveza casera que destilaba en secreto y vendía al vecindario. Con su bebé en brazos, Nomkomndelo fue enviada a la cárcel, donde pasó seis meses.

Tras la muerte de su padre cuando tenía cinco años, Zenzi fue a vivir con su abuela cerca de Pretoria. Allí creció con sus primos y hermanastros, mientras su madre trabajaba como empleada doméstica en Johannesburgo, a 60 km de distancia. La separación fue dolorosa. Bautizada como protestante, Zenzi asistía a la iglesia, donde cantaba himnos cristianos en afrikáans e inglés con ritmos tradicionales zulú, xhosa, sotho y bapedi. Cuando tenía unos seis años, el director del coro del instituto se fijó en ella y la invitó a unirse a ellos. La calidad de su canto y su carisma natural pronto la hicieron popular.

La función social de la música popular urbana: innovación y emancipación

La década de 1930 marcó el inicio de la reconquista política de los afrikáneres, que les llevó a tomar el poder en mayo de 1948. Cautivos en su propio país, los pueblos africanos no podían expresarse libremente. En estas circunstancias, la música, en particular el estilo jazzístico, se consideraba un vehículo para mejorar la condición de los negros. El sentimiento de confraternidad con los afroamericanos no era ajeno a ello: era posible una contracultura no blanca, encarnada en gran medida por el jazz. Esta corriente musical, importada de Norteamérica, se convirtió en un factor privilegiado de intercambio e innovación musical, del que el marabi y luego el jazz africano son algunas de las principales variantes. Zenzi Miriam Makeba hizo su prometedor debut en este contexto, respondiendo a un doble objetivo emancipador, en términos de color de piel pero también de género.

La música, una forma de magia
Los inicios de Miriam Makeba: éxito y pobreza

Los años 1950 fueron la edad de oro del jazz sudafricano. Tras una temporada en la banda de jazz amateur dirigida por un primo lejano, los Cuban Brothers, en la que aprendió el oficio, Zenzi fue descubierta por el líder de los famosos Manhattan Brothers. En 1953, se unió a este grupo de armonía a cinco voces e interpretó canciones de los Mills Brothers y los Ink Spots, así como canciones sudafricanas.

A los 20 años, se convirtió en una estrella en su país. Por aquel entonces era madre de Bongi, una niña de tres años fruto de un matrimonio desastroso. Se ganaba la vida a duras penas y consiguió alquilar una casa en el municipio de Mofolo, al suroeste de Johannesburgo. Llevó a su madre allí para que cuidase de Bongi. Durante el día, trabajaba como criada. Por la noche cantaba, a menudo en lugares de mala muerte. En 1955 grabó su primer álbum para la compañía discográfica Gallotone, una canción escrita en xhosa titulada Laku Tshuni ‘Langa. Tuvo tanto éxito que tuvo que volver a grabarla en versión inglesa. A petición de Gallotone, formó el cuarteto vocal femenino The Skylarks en 1955.

Exilio para expresarse

En 1955, el barrio de Sophiatown, donde floreció el jazz africano, fue arrasado por las autoridades. Durante la demolición, un cineasta estadounidense blanco, Lionel Rogosin, se escondió para realizar un largometraje de «etnoficción» sobre una familia negra en pleno apartheid. Pidió a Miriam Makeba que participara en la película, que se estrenó en 1959 con el título Come Back, Africa. Ese año también se realizó la gira de King Kong, una ópera negra de jazz en la que interpretó el papel de Joyce, reina de la taberna Back of the Moon.

Pero la vida era cada vez más difícil en Sudáfrica, donde se institucionalizó la categorización racial para frenar la urbanización de los negros y controlar todos los aspectos de su vida. Los territorios exclusivos para negros, los bantustanes (o homelands), se establecieron en zonas desprovistas de recursos naturales e industria. Allí, como en toda Sudáfrica, el acceso a la atención sanitaria y a la educación era cada vez más restringido. La miseria de las poblaciones negras iba en aumento, los desplazamientos se habían vuelto muy complicados desde la instauración de la Ley de Agrupación por Áreas (1950) y la menor protesta era reprimida con violencia. En estas circunstancias, Miriam Makeba aceptó la propuesta de Lionel Rogosin de ir al Festival de Cine de Venecia para la proyección de la película Come Back, Africa. Voló a Europa, donde descubrió, incrédula, la vida sin segregación.

El combate panafricano
Nacimiento de una estrella en Estados Unidos

En noviembre de 1959, Miriam Makeba aterrizó en Estados Unidos tras ser invitada a una serie de conciertos en el Village Vanguard, el famoso club de jazz de Nueva York. También apareció en un popular programa de televisión, el Steve Allen Show, en Los Ángeles. Fue el comienzo de un ascenso meteórico que no mermó su humildad, pragmatismo y conciencia sudafricana. Se fijó en ella el cantante afrojamaicano Harry Belafonte, que se convirtió en su mentor y al que ella apodó cariñosamente Hermano Mayor. Gracias a él, conoció a la mayoría de sus ídolos: Sidney Poitier, Diahann Caroll, Nina Simone, Ella Fitzgerald, Duke Ellington y Sarah Vaughan.

Cuando quiso volver a Johannesburgo tras la muerte de su madre, las autoridades sudafricanas le negaron el regreso a su país. Sin embargo, consiguió llevar a su hija a Nueva York. En 1960, el año de otra masacre en Sudáfrica, en Sharpeville, dos de sus tíos fueron asesinados. Su condición de apátrida y el endurecimiento del régimen afrikáner agudizaron su conciencia política. En 1963, pronunció un discurso ante el Comité Especial contra el Apartheid de las Naciones Unidas. Su carrera artística se hizo inseparable de su papel como portavoz de la lucha contra la segregación racial.

El arte al servicio del compromiso político

En 1967, Miriam Makeba voló a Guinea, donde el Presidente Sékou Touré la había invitado y expresado su deseo de hacerla ciudadana honoraria. No pudo volver a Sudáfrica, pero sí regresó al continente africano. Esto marcó el inicio de 25 años de estrechos vínculos con Guinea, líder de los países no alineados en la lucha contra el imperialismo y el colonialismo. A partir de los años sesenta, muchos otros Estados le concedieron pasaporte diplomático (Tanzania, Cuba, Argelia, Nigeria, Sudán, etc.). Fue en Guinea donde conoció al activista afroamericano Stokely Carmichael, que pronto sería el líder del movimiento de las Panteras Negras. Esta relación provocó nuevos contratiempos, empezando por la prohibición de regresar a Estados Unidos. De hecho, Stokely Carmichael era indeseable en su país y estaba constantemente vigilado por el FBI.

Mientras Miriam Makeba desarrollaba una exitosa carrera en el continente africano, donde era recibida con gran respeto como invitada oficial, el presidente Touré le ofreció un puesto como una de las delegadas guineanas en las Naciones Unidas. Durante los años 1970, recorrió los cinco continentes en nombre de la ONU, la Unesco y los movimientos contra el racismo y la discriminación. Fue galardonada con el título de Mujer del Siglo por la Comunidad Bedford Stuyvesant de Nueva York (1992), así como con el de Commandeur des Arts et des Lettres y la Légion d’honneur en Francia.

Mamá África, la voz de África

A principios de los años 1980, la televisión suiza dio a Miriam Makeba el apodo de Mamá África, que nunca perdió. Como embajadora del continente, puso de relieve las culturas africanas en los escenarios internacionales, enriqueciendo su repertorio con canciones inspiradas en los países que visitó, en diferentes lenguas vernáculas. En 1965, An Evening with Harry Belafonte and Miriam Makeba, grabado como homenaje a las culturas zulú, sotho y suajili (galardonado con el Grammy a la mejor grabación folclórica), ilustra este compromiso. Tras un breve regreso a Estados Unidos con un concierto triunfal en el Carnegie Hall, Miriam Makeba se vio profundamente afectada por la prematura muerte de su hija Bongi en 1985.

Su activismo panafricano se vio entonces truncado por la muerte de su amigo, el líder burkinés Thomas Sankara, en 1987. Se concentró en su música y en la lucha contra el apartheid. En 1990, Nelson Mandela, que acababa de ser liberado tras 27 años de prisión, la convenció para que regresara a Sudáfrica. Mamá África regresó finalmente a su país natal. En 2001, fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad para África por el Presidente Thabo Mbeki. En la década de 2000, se dedicó a sus dos fundaciones humanitarias en Sudáfrica, la Zenzile Miriam Makeba Foundation y el Miriam Makeba Rehabilitation Centre for Girls. Su muerte, el 9 de noviembre de 2008, se produjo al final de un concierto en apoyo al periodista y escritor italiano Roberto Saviano, perseguido por la mafia napolitana.

Colección Mujeres en la historia de África

Continuamos con este cómic la colección Mujeres en la historia de África y nos unimos al homenaje que este proyecto Unesco rinde a algunas mujeres africanas que han pasado de puntillas por los libros de Historia pese a sus aportaciones al desarrollo del continente y a sus vidas excepcionales. Lo hacemos, además, de la mano de artistas africanos, como no podía ser de otra manera.

A partir del 19 de abril, Miriam Makeba y el Centro para Niñas estará disponible en nuestra web y, pocos días después, también en Lektu y en las principales librerías digitales.

¡Felices lecturas africanas con los más pequeños!

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