Venance Konan

El entierro de mi tío

Traducido del francés (Costa de Marfil) por Alejandra Guarinos Viñals

Fragmento

Mi tío Kouadjo había sido uno de los pocos hombres del pueblo que fue a la escuela. Fue en la época en que los colonos obligaban a los padres a mandar a sus hijos a la escuela. A los padres de mi tío no les dio tiempo a esconderlo, como hicieron con mi padre, y mi tío tuvo que ir a la escuela contra su voluntad y la de sus padres. Pero mi tío no aguantaba los latigazos. Al cabo de algunos años, se peleó con su profesor y se reunió con nuestro padre en su escondite, en aquel momento, un campamento perdido en medio del bosque donde los enviados por los colonos nunca se atrevieron a adentrarse. Al final, mi tío nunca llegó tan lejos en la escuela como para hacer un trabajo de blanco en la ciudad, y se quedó en el pueblo de campesino, como el resto de sus hermanos; ahora bien, sí que llegó lo suficientemente lejos como para ser intérprete del sacerdote blanco, que venía todos los domingos para intentar hacer de nuestros padres unos buenos cristianos.

Mi tío se mostraba muy receloso cuando explicaba la Biblia. No soportaba que no se le prestase la suficiente atención. Claro que, esperar que unos baoulé analfabetos estuviesen muy atentos mientras otro, medio iletrado, intentaba explicarles el misterio de la Trinidad o las sutilezas del Evangelio según San Juan, era mucho esperar. Es más, esperar que campesinos baoulé polígamos, que pasaban la mayor parte del tiempo poniéndose los cuernos los unos a los otros, hasta el punto de preferir transmitir su herencia a sus sobrinos, los hijos de sus hermanas de madre, para asegurarse de que se trataba de la misma sangre; esperar pues, que esos mismos campesinos creyesen, sin partirse de risa, que una mujer a la que su marido nunca había tocado pudiese quedarse embarazada siendo todavía virgen y sin haber sido infiel, era una auténtica utopía.

Un domingo, cuando el tío Kouadjo estaba explicando el nacimiento de Cristo y cómo José —al que un ángel había comunicado que el embarazo de María era obra del Señor— se hizo cargo de ese niño, percibió la sonrisa burlona de Kouakou Ba. Mi tío se paró y le soltó:

—¡Ô toi bi! ¿De qué te ríes?

Pero Kouakou Ba era tan pendenciero como el tío Kouadjo. Se levantó y replicó:

—¡Ô bobo ô toi bi! ¿Quién te crees que eres para insultarme así?

Enseguida la iglesia se dividió en dos bandos. Los partidarios de Kouakou Ba y los del tío Kouadjo. El sacerdote, que no entendía el porqué de ese repentino subidón de adrenalina, levantó la vista al cielo y gritó:

—¡Silencio!

Todos se volvieron a sentar. Pero Kouakou Ba murmuró algo lo suficientemente alto para que lo oyeran:

—De todas formas, solo tú puedes creerte semejante historia.

Estallaron algunas risitas. Eso fue el colmo para mi tío. Kouakou Ba acababa de meter el dedo en su llaga secreta. Todos sabían en el pueblo que, al tío Kouadjo, su primera mujer lo había engañado sin ningún escrúpulo y, lo que es peor, no había tenido hijos. Se abalanzó sobre su adversario y los dos se cayeron rodando por el polvo en mitad de los bancos. El sacerdote, estupefacto, se situó prudentemente detrás del altar. Fueron necesarios seis robustos campesinos para separarlos y llevarlos a sus casas.

Glosario

El eBook incluye un pequeño vocabulario para entender mejor la historia.

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cubierta de El entierro de mi tío

Ficha técnica

ISBN: 978-84-941711-1-6

Formato: ePUB ¿cómo leer ePUB?

Tamaño: 139 KB

Idiomas:
 del original: francés (Costa de Marfil)
 de esta edición: español

Publicado el 12.12.2013

PVP: 2,00

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