Escribir desde el humor o leer la vida desde la risa, el doble impulso de la vis cómica africana

Publicado en Wiriko el 26.02.2014. Autora: Sonia Fernández Quincoces.

En Etiopía, en el mes de octubre, celebran el Día Nacional de la Risa, lo que no quiere decir que sólo se rían ese día. Se ríen a menudo pero han decidido dedicar un día entero a la risa y al buen humor, como terapia, como relax, como forma de olvidarse de los problemas.

«Estas cosas tan poco serias solo ocurren entre los etíopes» fue la frase que más me replicaron al comentar la noticia, lo que me hizo darme cuenta de que hay quien dice etíopes como quien dice marcianos porque desconocen todo sobre este país, sus gentes o sus coordenadas físicas, «está por ahí, por África, ¿no?» acertaban a decir los más atrevidos, como queriendo decir en un lugar muy remoto, muy profundo y muy oscuro, y que no le daban ningún valor a dedicar un día a desarrollar uno de los sentidos más importantes: el sentido del humor. De lo anterior te das cuenta cuando se quedan perplejos si les replicas que esos seres verdes que son los etíopes celebran el «día de la risa» como nosotros celebramos el «día de San Consumo», solo que ellos acaban relajados, felices y renovados, y nosotros estresados por no saber qué comprar y enfadados por sentirnos timados un año más, y todavía habrá quién se pregunte que de qué se pueden reír tanto los africanos.

El humor aparece con mucha frecuencia en las autobiografías o semibiografías. Alguien tan seco, huraño y serio como JM. Coetzee ya lo utilizó en su novela Verano donde se rememora y disecciona, mediante entrevistas, la vida de un escritor recientemente fallecido llamado… John Coetzee. Otra novela que también tiene nombre propio es Algún día escribiré sobre África donde un Binyavanga Wainaina, previo a hacer pública su homosexualidad, recuerda las palabras con las que le anunciaron su nominación al premio Caine: «Estimado individuo aceptado para el premio Caine, de nombre Binya…vanga. ¿Quiere venir a Inglaterra y cenar en la Cámara de los Lores y hacer lecturas e ir a la Biblioteca Bodleiana para asistir a una cena de muchos platos, con vino y todos los intelectuales de Londres? En dicha cena descubrirá si la baronesa Tipa Importante le premia con quince mil dólares». Os adelanto que sí que fue y luego escribió el libro, un relato sobre el recorrido vital que le llevó a ser el escritor reconocido que hoy es y en el que luce un brillante sentido del humor y de la ironía. También están los que recurren a sus recuerdos de la infancia para soltar algunas verdades como puños provocando la risa, nada como un niño para decir lo que de verdad se piensa. Eso es lo que transmite el narrador de Buenos días, camaradas de Ondjaki cuando con mucho sentido común (otro que tampoco ejercitamos demasiado) pregunta si los angoleños deberían de tener una playa en la Unión Soviética, al enterarse de que los rusos tienen una playa propia en Angola. En Mañana cumpliré veinte años, su autor, el congoleño Alain Mabanckou, hace lo mismo con su infancia y la suya tampoco tiene nada de tenebrosa o torturada, al contrario, es un niño curioso, travieso, luminoso y divertido y nos ofrece un texto plagado de momentos de humor.

La risa, en el fondo, es un asunto muy serio, ya que si no se dosifica o utiliza bien, el texto puede quedar grotesco o patético. Por eso arriesgarse a escribir un libro desde el humor tiene doble riesgo: el primero el de lograr que aflore, y el segundo el hacerlo por escrito, porque cuando uno tiene a alguien delante puede examinar al de enfrente y al contemplar su reacción hacer un gesto y provocar la carcajada, como hace Chris Abani en este vídeo, o cambiar el tema del discurso o cambiarse de país directamente. Sin embargo, cuando uno escribe no tiene a nadie enfrente, no sabe cómo van a reaccionar los lectores y mucho menos si se van a reír. A pesar de tratar realidades muy dolorosas en su novela Graceland, el escritor utiliza el sentido del humor para dotar de algunos gramos de luz a las duras vidas de sus protagonistas. Así el humor, sin ser el eje central de la novela, logra suavizar la narración y dar al lector algún respiro.

Además, el humor se puede utilizar también para disfrazar la desvergüenza, como en la novela Puta vida del togolés Sami Tchak, cuyo autor afirma que sin el humor del narrador habría resultado una novela demasiado cínica. Razón no le falta ya que la única novela traducida al castellano de Tchak es una obra plagada de sexo, donde late el enfado del escritor al hablar sobre el trato que reciben los emigrantes (ya sean de primera o de segunda generación). En este caso el protagonista es nacido en Francia de padres africanos (sobre los que tampoco se calla lo que piensa). Os sorprenderá por su estilo directo y crudo que no obvia casi nada en relación al sexo y al racismo, provocando la risa casi, casi, en cada párrafo, a pesar de su crudeza: «En nombre de esa verdad de pacotilla, habría querido decirle a aquella joven blanca cuatro cosas bien dichas sobre los indocumentados: ¡A uno que no tiene papeles no se le hace tanta publicidad! ¡No se la merece, joder! Hay que darle un guantazo y mandarlo allí donde debería haberse quedado de un puntapié. ¿Tan difícil es?». Y también como manera para dar forma a un personaje, como ocurre con la protagonista de la extraordinaria Condiciones nerviosas, la inquieta Tambu, escrita por Tsitsi Dangaremba. En las obras de Ahmadou Kourouma el humor es primo hermano del horror, provocando una extraña sensación al leer la vida del pequeño Birahima, el niño-soldado protagonista de Alá no está obligado y de la inconclusa Cuando uno rechaza dice no. Gracias a sus inestimables diccionarios con los que intenta comprender lo que le rodea (nada menos que cuatro, todos escritos por la mano colonizadora), Birahima va poniendo nombre a cada situación y a golpe de humor/horror se le llena la boca de verdades como puños: «"Civilización o comunidad" cuando se habla de un grupo de blancos y "etnia o tribu" cuando se trata de un grupo de negros, "guerra de civilizaciones" cuando combaten los europeos y "conflicto tribal" cuando lo hacen los bárbaros indígenas negros de África».

Escribir desde el humor, es difícil. Sin embargo a veces es la única manera de escribir que tienen algunos escritores, como Henri Lopes que reconoce que utiliza el humor en sus obras pero no le atribuye una función determinada, simplemente es su estilo, la mejor manera de escribir para él. Alain Mabanckou recurre también al humor y a la ironía a menudo. La hilarante Memorias de Puercoespín nos cuenta la leyenda según la cual todo ser humano tiene un doble animal. Puercoespín, parlanchín incontinente, le contará su azarosa vida a un baobab, a veces truculenta, a veces ácida. Las peripecias de Puercoespín nos asombrarán y provocarán nuestras carcajadas, al igual que Vaso Roto que desde los confines del mugriento bar congolés «El crédito se fue de viaje» y con un lenguaje coloquial, a veces vulgar, a veces escatológico, hace desfilar a sus clientes, seres fracasados, patéticos, bordeando la marginalidad, provocándote la risa con párrafos como este: «Al dueño de El crédito se fue de viaje no le gustan las frases hechas del tipo en África, cuando un anciano muere, arde una biblioteca y cuando oye este tópico manido, se enfada un montón y suelta al momento depende del anciano, dejaos de chorradas, yo sólo me fío de lo que está escrito».

Una forma de humor diferente es la que propone el humor negro. El nuevo proyecto editorial 2709 books, de la mano de Marina M. Mangado, nos acerca a un escritor que hasta ahora no tenía obras traducidas al castellano. Dos cortos relatos del marfileño Venance Konan nos dan pie para pensar que en la obra de este autor el humor es una constante, y no solo el humor, sino también el humor negro que asoma en el entierro del tío Kouadjo. El tío Kouadjo, todo un carácter, de joven camorrista y de viejo un cascarrabias, ha muerto y hay que enterrarlo. El entierro deviene en un torrente de situaciones cómicas: desde la lluvia que dificulta las labores, a las viejas rencillas, los enfrentamientos debido a las infidelidades y el propio espíritu del tío Kouadjo que parece decidido a imponerse incluso en su propio entierro. Y vaya si lo logra.

También hay mucho de humor negro en la obra Reír y llorar de Henri Lopes, forzosamente ya que gira en torno a la vida de un dictador no tan imaginario. Esta novela se abre con un prólogo en el que se hace una «Advertencia muy seria», ya que según la «Asociación interafricana de Censores francófonos» todo lo que narra el libro es fruto de la invención de su autor, fruto del mal gusto y una deformación intolerable de la realidad africana. Solo con un prólogo así ya tienes motivos más que suficientes para adentrarte en la historia de un dictador y de País, un estado africano inconcreto, en una certera sátira sociopolítica, donde la corrupción, la opresión, el sufrimiento, las torturas y la connivencia de los estados europeos, nos muestran un mundo a la deriva con una gran vis cómica.

Henri Lopes nos cuenta, a través de su protagonista, por qué reír cuando lo normal sería llorar. Cuando el «Maitre» (protagonista de la novela) le pide opinión a uno de sus compatriotas sobre los primeros capítulos de su obra, éste le contesta que no sabría cómo encuadrarla; si a veces le parece que lo narra un historiador, otras veces, en cambio, le parece que lo hace un griot, es decir, un mercader de sueños y de diversiones, para algunos, y una clave para descodificar la vida en el poblado, para otros.

Es gracias a la risa por lo que las áfricas han salido hacia delante, nos dice Lopes. Ante la brutalidad, la sinrazón, la explotación, la inhumanidad... De nuevo el humor permite escribir y nos permite poder leer tanto sobre temas atroces, sobre realidades lacerantes como sobre la vida cotidiana, el sencillo ir y venir de los preciados días. Otra vez, en esta ocasión desde las áfricas, el humor, sin duda, nos reconcilia con la vida.

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