Francisco Zamora Loboch

El Caimán de Kaduna

Fragmento

Nunca, jamás, he visto un caimán, y tampoco nací en Kaduna, pero aquí todo el mundo me conoce como el Caimán de Kaduna.

Eso sí, en la pared, junto al póster de Naomi Campbell, tengo pegado otro de Iker, y desde que empecé a jugar de guardameta siempre he querido parecerme en cuerpo y alma al mejor portero del mundo.

Soy zurdo cerrado, e iba para delantero porque escuché a alguien, seguramente a algún charlatán, que en punta se ganaba más dinero, mucho más que ejerciendo de cancerbero.

En aquella época me pasaba los días y las noches con la bola atada al empeine. Y era feliz con tan poco. Ser feliz significaba esquivar al maestro en la escuela, desayunar un par de mangos, tirar de un cucurucho de cacahuetes para almorzar, y arrimarse a la almohada con el sudor mezclado con el vaho de sopa de pescado de la escasa cena, después de haber enhebrado un partido tras otro y logrado, en una sola tarde, más goles que Samuel Eto’o y Didier Drogba en un año.

Ma Nkento, mi madre, paraba poco por casa. Era una mujer oronda y bajita, capaz de vender cualquier cosa en su tenderete del Gran Mercado, desde discos de Julio Iglesias y Manu Dibango, hasta cojinetes y cinturones de cuero, mangos, ñames, cadenas para bicicletas, zapatillas, antenas parabólicas, paraguas y gafas de sol, aunque la mercancía que más ganancias dejaba en el fondo insondable de sus pesados y enormes bolsillos era el pescado salado.

Yo era el benjamín de una familia que completaban María, Mina y Bebé, mis hermanas. A pesar de que el negocio del algodón iba cada vez peor y no daba para mantener más bocas, papá ya había abonado la dote para una tercera esposa. No sería capaz de identificarle en una rueda de reconocimiento, pero yo estaba muy contento con él, pues una tarde que se le ocurrió pasar por casa, me trajo unas botas de verdad, unas Nike auténticas, aunque me hizo prometer que solo las utilizaría los domingos y fiestas de guardar. De modo que el resto de los partidos los jugaba descalzo o protegido, como mucho, por unas chanclas de goma desgastadas y rotas. Daba igual. Cuando la pelota tenía a bien arrimarse al interior de mi zurda, se adhería de tal manera a ella que resultaba imposible arrebatármela.

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cubierta de El Caimán de Kaduna

Ficha técnica

ISBN: 978-84-941711-3-0

Formato: ePUB ¿cómo leer ePUB?

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Idiomas:
 del original: español
 de esta edición: español

Publicado el 27.09.2014

PVP: 5,00